Otro regalo del franquismo cocinado en su reedición en los primeros años de la Transición (gobiernos de Arias Navarro y preconstitucional de Adolfo Suárez, rematado eso sí por las primeras cortes salidas de las urnas) es el Concordato establecido entre el Estado Español y el Estado Vaticano.
Que dirían ustedes si se estableciera un acuerdo similar con Arabia Saudita que obligara a los niños en las escuelas a rezar mirando a la Meca, o con Cuba que obligará a empezar las sesiones parlamentarias con el lema “Socialismo o Muerte”.
No hará falta que les haga juramento de mis convicciones socialistas y desde luego mi máximo respeto a quienes tengan como libro de cabecera los Evangelios o el Coran, pero unas cosas son las opciones personales ejercidas en libertad y otra muy distinta que un Estado en este caso el español firme acuerdos con otros estados cediendo soberanía pagada esta cesión con fondos salidos del bolsillo de todos los españoles.
Y es que en ésta como en otras materias las diferencias entre PSOE y PP son las mismas que las establecidas que pudiera haber entre la Coca-cola y la Pepsi – cola y no vale, que después de claudicar como ha hecho en señor Zapatero, ponga el grito en el cielo por la clara intromisión de los obispos en la política de su gobierno, lo utilice para acrecentar su pedigrí de progre, y termine cenando con el Nuncio Vaticano como si fueran Boris Izaguirre y María Patiño tomando el chocolate con churros.
Señor Zapatero, señores del PSOE, denuncien el Concordato y déjense de gaitas. Eso es lo que lleva Izquierda Unida en su programa.




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